La canción del final del mundo

Compartimos una lectura solidaria de la autoría de Guillermo Rebollo Gil, publicada en el blog de Ahora la turba el 10 de mayo de 2017. Agradecemos al colectivo de Ahora la turba su autorización a re-publicar dicha columna en este foro.

La canción del final del mundo

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Los agentes adscritos a la Comandancia de la Policía en Bayamón tienen una mascota. Su nombre es Gorgojo. Es un perrito rescatado. Cuenta con una cama amplia en la oficina del Sargento en el primer piso. Quien entra a la comandancia lo llama, lo soba, lo rasca, le ofrece comida. Para pagarle sus visitas al veterinario, los agentes han establecido un programa de reciclaje. El día que arrestaron a 13 manifestantes luego de una manifestación masiva en la Milla de Oro, Gorgojo era lo más hermoso que uno podría ver allí.

El edificio de Popular Center en la Milla de Oro cuenta con varias salas de cine. Dependiendo de la película que entres a ver, podrías sentirte reconciliado, en no pequeña medida, con la belleza.

Lo más hermoso que uno jamás podría ver en la Comandancia de Bayamón es cuando al cabo de horas largas en una celda o esposada en el suelo, una manifestante logra salir de allí. Gorgojo la sigue hasta el portón, donde una línea de policías vigila las inmediaciones de la Comandancia. Frente a los policías, la familia de las detenidas espera en la oscuridad.

La última película que vi en el cine de Popular Center fue una muy muy linda con un muchacho que iba en el asiento trasero de una station wagon en los ochenta. Su madre huía de alguien o algo. El nene miraba el sol caer. Era una de esas de fin de mundo, pero sin catástrofes o extraterrestres. Se trataba de un fin de mundo pequeño, privado. Como lo podría ser la pérdida de un amigo, de una mascota.

Cuando la familia de un detenido llega a las inmediaciones de la Comandancia de la Policía en Bayamón, llega porque ha recibido la noticia de un posible fin de mundo. Cuando los agentes afuera se niegan a confirmarle si su hija o su hermano o su compañero en efecto se encuentra atrapado en una celda o esposado en el suelo, el mundo llega a su final. Cuando, luego de mucho insistir y largo rato esperando, algún agente finalmente confirma la noticia, el mundo se vuelve a acabar. Entonces, cuando ese u otro agente le impide a la familia pasarle comida o medicamentos al detenido, el mundo se regenera momentáneamente para acabarse de forma más brutal. Y así, cada vez, con cada familiar que llega a las afueras de la comandancia durante la noche para hacerle compañía a los demás sobrevivientes del apocalipsis.

El gobernador no llega hasta aquí, porque al gobernador no se le ha perdido nada en la Comandancia de Bayamón. Porque en la película de la vida del gobernador, él siempre está tras una línea de policías, mirando a distancia los mundos de otras y otros acabarse.

Para mí, el mundo es un perro llamado Gorgojo, con la cama más grande en toda la Comandancia, a tan solo pasos de la celda donde esperaban manifestantes mientras los agentes consultaban los casos con fiscalía. La noche del día en que no se exhibieron películas en el cine del Popular Center, mientras sus familiares esperaban afuera en la oscuridad, los detenidos cantaban a coro “dame un momento pa probar de qué estoy hecho/ soy el que va cuesta arriba/ soy el que va al acecho.” Era una escena como sacada de una película, de esas en que la más deslumbrante belleza es a la vez nuestro más terrible enemigo.

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